“El actor, retrato desnudo del hombre, expuesto a todo lo que
llega, silueta elástica, el actor, en las ferias, exhibicionista desvergonzado,
simulador que muestra lágrimas, risas, el funcionamiento de todos los órganos,
las cumbres del pensamiento, del corazón y las pasiones, del vientre, del pene,
con el cuerpo expuesto a todos los estimulantes, todos los peligros, y todas
las sorpresas; ilusión, modelo artificial de su anatomía, y de su mente,
renunciando a la dignidad y el prestigio, atrayendo el desprecio y la burla,
tan cerca de la basura como de la eternidad, rechazado por lo que es normal y
normativo en una sociedad.
Actor, viviendo solo, en lo imaginario, llevado a un estado de
insatisfacción crónica y de descontento ante todo, lo que realmente existe
fuera de la ficción, que lo lleva, a una nostalgia perpetua, que lo obliga, a
una vida nómade.
Actor de feria, errabundo errante, sin lugar en el mundo,
buscando vanamente un puerto con todos sus bienes en el equipaje: sus
esperanzas, sus ilusiones perdidas, lo que hace su riqueza y su carga, una
ficción que defiende celosamente hasta el fin contra la intolerancia de un
mundo indiferente”. Tadeusz Kantor.
Catarata. Cascada. Caída.
Torrente. Salto.Opacidad. Cataratas de palabras, gestos, emociones, impresiones,
impulsos. Conmoción intensa. Un acantilado. El fondo de una vida exaltada hasta
su desasosiego. Su abrupto devenir. El recorrido apocalíptico y romántico del
memorable Montgomery Clift. La supervivencia de su actor. Su humano y su
mártir. Más allá de lo biográfico de la trágica existencia de este actor de los
años 50, la puesta ( y la apuesta) es ambiciosa desde lo éstetico y artístico y
se erige indiscutiblemente bella. Habita con justicia varios lenguajes
escénicos y evoca con sutileza momentos míticos de su vida, incluso su sexualidad,
la que insinúa con suma delicadeza, con el cuidado honesto que merece lo íntimo.
Un actor-Nahuel Cano- que rebasa con su generosa entrega el texto para dejarse
atravesar, fascinado y fascinante, por su personaje, desplegando además, todo
su inmanente talento. No es casual (nada en rigor lo es) la obsesión de Clift
por representar a ese Tréplev de Chejov con quién comparte su repulsión por lo
vulgar, su queja, su urgencia de verdad, su desmedido y angustiante amor por el
arte y la creación y su infausto destino. Pienso en Ranciére y su Espectador Emancipado y elogio la
interpelación producida a mi espectadora. Me gusta la incomodidad y la cercanía
escandalosa. De avezado director- Alejandro Tantanían-,todas las elecciones de
esta pieza teatral son espléndidas. De sonidos rotos como el sueño de
Montgomery, Cliff (Acantilado) dice
de lo obsceno del fracaso, de la desventura del hombre y del actor. “¿Cómo no ser Montgomery Clift?”. Y
¿Cómo (no) haberlo sido? Los infortunios de la virtud diría Sade.
“Si en algún momento tienes necesidad de mi vida, ven y tómala”. Profecía cumplida.
Por Natalia Fernández Acquier
Por Natalia Fernández Acquier
Cliff (Acantilado) de Alberto
Conejero
Versión argentina
de Alejandro Tantanian con la colaboración de Mariano Tenconi Blanco y Nahuel
Cano
Actúa: Nahuel
Cano
Dirección:
Alejandro Tantanian
Producción
ejecutiva: Victoria Murphy
Prensa: Duche
& Zárate
Diseño gráfico: Leandro
Ibarra
Fotografías:
Ernesto Donegana
Asistencia de
dirección: Mariano Tenconi Blanco y Gisel Robles Musicalización: Alberto
Conejero y Alejandro Tantanian Coreografía: Celia Argüello Rena
Video: Santiago
Brunati
Iluminación: Oria
Puppo y Alejandro Tantanian
Escenografía y
vestuario: Oria Puppo
Funciones:
Sábados 23hs
Teatro El Extranjero
- Valentín Gómez 3378 Reservas: 4862-7400

No hay comentarios:
Publicar un comentario